Villanos de baja intensidad

La realidad, con sus infinitas tonalidades de gris, nos demuestra que más allá de los archi-villanos de comic, con temibles superpoderes y un insaciable ansia de conquista y destrucción del mundo, hay otro tipo de malévolos villanos de las pequeñas cosas, de baja intensidad.

Siento un temor reverente por los Kim Jong-uns o por los Bárcenas del mundo, pero me quedan lejos, rivales para super-héroes desvaídos como Obama, el Dalai Lama, o por qué no, los resortes oxidados de la justicia.

Pero nos olvidamos del daño callado, pero persistente, que nos infligen los mini-villanos cotidianos.

Esa secretaria que apunta siempre mal las citas y los nombres, el compañero de trabajo que está todo el día quejándose, el familiar rabioso que pone verde a todo quisqui, el interprete simultáneo que traduce lo que le viene en gana, el funcionario de ventanilla que te pide que vuelvas mañana por un certificado innecesario, los jetas sinvergüenzas que esperan que otros les resuelvan todas las papeletas, los pesimistas incorregibles, los tontolabas que se niegan a aprender nada nuevo, los empresaurios cortoplacistas y explotadores, los cotillas que siempre tienen algo que contar “pero no lo sabes por mí, eh?”, el que se burla de negros y homosexuales, pero “no es racista ni homófobo, claro”, el intransigente egoísta, el prepotente cargante, el desagradable esférico…

Una hueste interminable de villanitos que nos comen poco a poco las ganas y reparten el mal por donde andan. Contra esta amenaza sutil, no podemos contar con Iron-man y el Capitán América para que nos saque las castañas del fuego, pero quizá, cada uno de nosotros podamos ser un “Superlopez” del día a día, vivir, seguir, luchar con todas nuestras fuerzas, optimismo y moral individual para que el mundo sea más fácil, justo, divertido, alegre y agradable.

¿Es mucho pedir?

superheroes cotidianos

Sólo el 1 % de las “small business” americanas exporta #ivlp

Considerando su enorme y homogéneo mercado interior, parece lógico que las pequeñas empresas americanas se centren en vender en EEUU antes de plantearse aventuras internacionales.

Pero en un mundo cada vez más global, en el que el 90% de la población mundial  y más de 65 % del PIB están fuera de EEUU, las PYMES yanquis están perdiendo un potencial de desarrollo enorme. Además, de acuerdo con sus investigaciones, durante la recesión económica las PYMEs que exportaron crecieron un 37 % en facturación, mientras que las que se centraron en el mercado nacional decrecieron un 5 %.

Visto de otro modo, se abre una gran oportunidad para empresas de otros países, para buscar alianzas con estas pequeñas empresas americanas, y ayudarlas a vender sus productos y servicios en el exterior. El Departamento de Estado de EEUU tiene un gran foco en fomentar la exportación de las PYMEs y dispone de varios programas de apoyo específicos para la internacionalización empresarial. Un programa particularmente interesante consiste en potenciar las relaciones entre los inmigrantes emprendedores resistentes en EEUU y sus comunidades de orígen, ya que estos emprendedores ya tienen contactos previos en sus países y conocen el mercado, idioma, particularidades, etc.

Los emprendedores de origen latino tienen un programa específico, llamado LAIDEA, con este mismo objetivo. Como ellos mismos dicen:

“Our mission is to provide Latino entrepreneurs with the necessary resources to promote creation, cultivation and collaboration of small businesses, generating employment and economic growth throughout the Americas.

Latinos in the U.S. are opening businesses at twice the national rate and comprise a group of more than 2.3 million entrepreneurs generating more than $345 billion in sales. Additionally, this group accounts for more than $50 billion in remittances to Latin America each year”.

Quizá dentro de unos años, los españoles que hoy tienen que ir a buscarse la vida al extranjero, monten negocios en sus países de acogida y sirvan como puente de enlace con las empresas exportadoras locales…